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Autor Tema: LA FORTALEZA INTERIOR Y EL FONDO PERSONAL  (Leído 6592 veces)
antonio pina
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« : Octubre 29, 2010, 05:51:46 »

La fortaleza interior es una de las necesidades primordiales e indispensables que tenemos.
Primero sepamos el significado de la palabra fortaleza: quiere decir fuerza y vigor, y como tal la entendemos.
Ya estás pensando en que vas a necesitar fuerza para superar ciertas circunstancias que se van a suceder, pero hay otras curiosas definiciones de la palabra: es una de las cuatro virtudes cardinales, que consiste en vencer el temor y huir de la temeridad. Por tanto, se trata de no temer nada de lo que pueda suceder, tanto interior como exteriormente; se trata de no temer que las pruebas sean insoportables, incomprensibles, imposibles… porque no lo serán.
Dios y nuestra parte divina nos conocen mejor que nosotros mismos y ya saben cuál es el límite.
Esto no es una guerra a muerte sino un encuentro con la vida.
La vida no trata de embrujar, sino de auparnos.
El siguiente nivel, tras cada situación, independientemente de cómo la hayamos resuelto, siempre será superior, siempre será un paso adelante: nunca se puede ir hacia atrás, nunca perderemos lo que con esfuerzo y sufrimiento hayamos logrado. Todo es nuestro aliado. Se ha de vencer el temor, pero sin caer en la osadía descontrolada, sin ir a la temeridad sintiéndose amparado y con derecho a cualquier riesgo. Uno no ha de estar retando constantemente, ni ha de manifestarse desmesuradamente, ni ha de estrellarse intencionadamente contra todo para comprobar que está bien protegido por el Cielo.
Fortaleza es, también, un recinto fortificado, como un castillo o una ciudadela. Pero ninguna fortaleza es inexpugnable, o sea que quedarse en ella encerrado para que no suceda nada que venga del exterior es una defensa temporal. Lo que tenga que suceder para nuestro bien, sabrá encontrar la grieta o el momento por el que colarse. Se trata de conocer un sitio seguro, donde uno puede retirarse a meditar, o a descansar, con seguridad y confianza, con la comodidad de los sitios conocidos, pero no para huir, sino para reponer fuerzas; para paladear y disfrutar lo que ha sucedido fuera, para ver la nueva conquista personal, y pensar en otros pasos y otras metas.
Bien, pues esta fortaleza interior se va construyendo con los pequeños y los grandes logros, que se transmutan en esta fuerza interior. Con ellos se va construyendo un fondo personal, que es nuestro propio valor como persona. Es lo que nos queremos y cuanto nos odiamos. Es la suma de lo que somos y lo que sabemos, menos lo que no nos gustamos.
El fondo personal es nuestra autoestima. Es nuestra cotización propia, es la meta, el objetivo, lo que venimos buscando: ser nosotros mismos como nuestra conciencia nos dicta, dar a cada momento lo que nos solicita, estar atento a la vida como un placer y un ejercicio; jugar, quitar el dramatismo y el sufrimiento a lo efímero que es estar aquí una vez que le despojamos de los disfraces y los oropeles falsos que son bisutería chabacana; mover los instintos en toda las direcciones, hacia todos los paisajes, hacia cada experiencia desprovista de otro motivo que no sea ver y volver.
Cuando seamos capaces de reírnos del caer caótico de las estructuras que un día nos parecieron solidas y definitivas, cuando el único motivo que sea capaz de movernos se llame amor o cualquiera de sus derivados, cuando corran por nuestra sangre buenos deseos, cuando “pureza” deje de ser una posibilidad ajena para formar parte de nuestra integridad, cuando todo lo que nos habite sea humano, cuando el sol se instale en nosotros a todas horas, entonces, sólo entonces, veremos cómo el camino corre bajo nuestros pies sin frenos equivocados, sólo entonces nuestro fondo personal será más sólido y más enriquecedor.

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